Estar al borde del abismo
con esa sensación indescriptible
que parece que solo la ingravidez
puede sostener.
A segundos del mareo,
a centímetros del dolor
por la posibilidad
de perderlo todo.
A escasos instantes
del mar de lágrimas
por el solo pensamiento
de una nueva soledad.
A nada de la obsesión,
del deseo casi frenético,
de la lejanía del razocinio.
Dentro ya de los instintos
más primitivos
y las pasiones
que más pueden destruir y crear.
Los nervios al distanciarte,
pensando en las palabras
en boca de alguna otra mujer...

Y en toda ese caos
de mudas sensaciones,
que podrían arrastrar al alma
febrilmente a la locura,
en esa esclavitud
que ata sin cadenas...
sentirse salvajemente libre,
brotando las lágrimas
como lluvia de felicidad
humedeciendo una bella historia de dos...
¿Paradojas de la vida?
No. Tan solo amor...